Si nada cambia, nada cambia

Hay lugares en los que nos quedamos no porque estemos bien, sino porque son conocidos. Y eso, de alguna forma, nos da seguridad.

La zona de confort no siempre se siente cómoda. A veces es rutina, a veces es costumbre, y muchas veces es miedo. Miedo a cambiar, a equivocarnos, a perder lo que ya tenemos… incluso cuando eso ya no nos hace bien.

Entonces nos quedamos. Y aprendemos a adaptarnos a eso que no termina de hacernos sentido. A convivir con esa incomodidad que aparece de fondo, pero que muchas veces elegimos ignorar.

Pero hay algo que es simple, aunque incómodo: si nada cambia, nada cambia.

Y lo que hoy se siente como una incomodidad leve, con el tiempo se vuelve más pesada.

Cambiar no siempre es hacer algo drástico. A veces empieza con algo mucho más simple: dejar de ignorarte. Empezar a escucharte un poco más, aunque no tengas todas las respuestas.


Y para eso, muchas veces necesitamos un espacio. Un lugar donde poder pensar, sentir y poner en palabras lo que nos pasa.



Si seguís así un año más… ¿te gusta la vida que estás construyendo?





Si sentís que estás en ese punto donde algo tiene que cambiar, pero no sabés por dónde empezar, podés descargar mi guía gratuita Volver a mí, para comenzar a mirarte con más claridad.

Guía Volver a mí




Comentarios

Entradas populares de este blog

Una mujer en expansión

Mil versiones de mi...

Un vuelo que también nos transforma