Cuando el cuerpo cambia, el alma aprende
Anoche salí a caminar con mis nenes. Ellos iban en sus bicis, con esa energía que parece no agotarse nunca, y yo los seguía a pie. Mientras los veía alejarse, apareció una frase que me golpeó de frente: “No puedo”. Me quedé pensando. ¿Qué significa ese “no puedo” en mi vida hoy? Hace no tanto, mi realidad era otra. Venía de entrenar fuerte, de sentirme sólida, vital, capaz. Y de un día para el otro, llegaron los dolores. Mi cuerpo puso un freno inesperado y, de repente, volver a moverme empezó a darme miedo. Es extraño temerle a algo que antes era mi cable a tierra. Entonces me pregunté: ¿Es un límite real o es miedo a que el movimiento ya no sea como antes? Y ahí entendí algo importante: no quiero que el dolor sea un enemigo, sino un maestro. Adaptar mi cuerpo no es retroceder; es aprender un lenguaje nuevo. Mi “no puedo” de hoy no es un final, es un “todavía no sé cómo, pero voy a encontrar la forma”. No voy a dejar de moverme. Voy a moverme de una manera que mi cuerpo agradezc...