Cuando el sentido aparece mientras caminamos
Hoy estoy habitando este camino… estudiando, preparándome, descubriéndome.
Y aunque a veces no tengo del todo claro hacia dónde me lleva, sigo acá, presente, sosteniendo este proceso que también muchas están viviendo.
Hay algo en este “estar en camino” que me enseña más que cualquier destino final.
Vivimos en un mundo que nos pide certezas, respuestas rápidas, definiciones claras.
Pero la verdad es que la mayoría de nosotras está aprendiendo a vivir en la transición:
entre lo que fuimos y lo que estamos empezando a ser.
Entre lo que ya no nos queda cómodo y lo que todavía no sabemos nombrar.
Cuando el norte se desdibuja
Hay días en los que me siento un poco perdida.
Perdida de mí, de mis ganas, de mi norte.
Esa sensación de estar en movimiento… pero sin sentirme del todo en casa.
Un desacomodo interno que no siempre sé explicar, pero que reconozco en muchas mujeres que me rodean.
Y es que perderse no siempre es un error.
A veces es una invitación.
Un llamado suave —o no tan suave— a revisar, a soltar, a mirar hacia adentro.
El gesto pequeño que nos devuelve
Cuando me pasa, no me exijo más.
No me empujo.
No me fuerzo a tener claridad inmediata.
Me doy un momento de silencio, de honestidad, un gesto pequeño que me devuelva a mí.
A veces escribo para ordenar lo que siento.
A veces freno para escuchar lo que mi cuerpo intenta decirme.
A veces simplemente me permito decir “no sé”.
Y dejo que la verdad aparezca de a poco, sin presionarla.
Aprendí que la claridad no llega cuando la apuramos, sino cuando la dejamos respirar.
La fuerza de escucharnos entre mujeres
Mientras escucho a las mujeres que me rodean —sus preguntas, sus búsquedas, sus ganas de encontrarse— algo se ordena adentro mío.
Hay una sabiduría colectiva que se activa cuando compartimos lo que nos pasa.
Cuando dejamos de sostener solas lo que pesa.
Cuando nos animamos a decir en voz alta lo que nos duele, lo que nos mueve, lo que deseamos.
Empiezo a ver sentido.
Empiezo a entender que este camino no es solo mío:
es un reflejo de lo que muchas estamos transitando.
Un espejo que nos devuelve que no estamos solas, que no somos raras, que no estamos fallando.
Estamos creciendo.
Cuando el propósito se revela
Y ahí aparece mi propósito, claro, vivo, presente:
acompañar a otras en esta misma búsqueda.
La del sentido.
La del propósito.
La de una misma.
No desde la teoría.
No desde la perfección.
Sino desde la experiencia viva de estar caminando también.
Eso es lo que hago hoy.
Eso es lo que me hace sentir viva.
Si este texto te resonó, si sentís que estás en un proceso de cambio, de búsqueda o de reencuentro con vos misma, me encantaría que estemos conectadas.
Podés seguirme en Instagram y en mis redes, donde comparto reflexiones, herramientas, espacios de acompañamiento y círculos de mujeres para transitar este camino con más claridad y menos soledad.
Recorrer el camino acompañada siempre es más fácil. 💙

Comentarios
Publicar un comentario